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Mensaje de Ezequiel Molina aborda corrupción política y deuda social en La Batalla de la Fe

por Informador RD

En medio de una tarde marcada por lluvias constantes y un cielo gris que no logró desalentar a los asistentes, el pastor Ezequiel Molina Rosario, fundador de la concentración evangélica La Batalla de la Fe, pronunció este primero de enero su tradicional mensaje anual durante la edición número 62 del evento, celebrado en el Estadio Olímpico Félix Sánchez.

Con la Biblia en mano y ante una multitud que permaneció firme pese a las condiciones climáticas adversas, Molina Rosario estructuró su sermón alrededor de un tema central: “El Día de Dios”, una advertencia espiritual con profundas implicaciones sociales, políticas y morales para la República Dominicana y el mundo.

Desde el inicio, el líder evangélico hizo referencia al pasaje bíblico de Apocalipsis 20:11-15, que describe el juicio final ante el “gran trono blanco”, un escenario que, según explicó, simboliza el momento en que toda la humanidad —sin distinción de rango, poder o riqueza— deberá rendir cuentas por sus acciones.

El Día de Dios frente a una sociedad que lo ha desplazado

Molina Rosario planteó que la sociedad contemporánea ha creado innumerables fechas conmemorativas para casi todos los ámbitos de la vida humana —el Día de la Mujer, del Niño, del Trabajo, de la Salud, de diversas enfermedades, profesiones y causas—, pero ha excluido deliberadamente a Dios del calendario colectivo.

“Hay días para todo, pero ¿dónde está el Día de Dios?”, cuestionó el pastor, señalando que esta omisión responde, en su visión, al predominio del humanismo, una corriente que coloca al ser humano como centro absoluto y prescinde de la dimensión divina.

Aclaró que, desde la perspectiva bíblica, el “Día de Dios” no se limita a una jornada de 24 horas, sino que representa un momento histórico y definitivo, un tiempo señalado por Dios para ejercer justicia, premiar y castigar según las obras de cada persona.

Lecciones históricas y advertencias universales

Durante su mensaje, Molina Rosario hizo un recorrido por varios acontecimientos históricos que, a su juicio, marcaron puntos de inflexión para la humanidad, como la Reforma Protestante de 1517, la Revolución Francesa, las guerras mundiales, el alunizaje de 1969 y los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Estos hechos, explicó, evidencian que existen “días” que transforman el rumbo de las sociedades, pero insistió en que ninguno se compara con el impacto del Día de Dios, el cual describió como inevitable, sorpresivo y definitivo.

Citando al apóstol Pablo y a Jesucristo, recordó que nadie conoce el día ni la hora en que ocurrirá, y que llegará “como ladrón en la noche”, sin previo aviso.

Un mensaje social: violencia, abandono y corrupción

Uno de los segmentos más extensos y contundentes del sermón estuvo dedicado a las problemáticas sociales, donde el pastor asumió un tono crítico frente a realidades que, según afirmó, colocan a la sociedad bajo juicio.

Molina Rosario cuestionó duramente el abandono familiar, señalando a padres irresponsables que engendran hijos y luego los dejan a su suerte, contribuyendo a la delincuencia y al deterioro social.

“¿Por qué destruiste el hogar que Dios te concedió?”, planteó como una de las preguntas que, dijo, deberán responderse en el Día de Dios. También se refirió a niños que crecen en las calles, limpiando vidrios o expuestos a la violencia, y afirmó que la sociedad no puede desentenderse de esa realidad.

En otro momento, abordó el tema de la violencia homicida, asegurando que quienes quitan la vida a otros —ya sea en el ámbito criminal, doméstico o social— tendrán que rendir cuentas ante un juez superior, aun cuando logren evadir la justicia terrenal.

Críticas a políticos, jueces y legisladores

El mensaje incluyó una severa advertencia dirigida a gobernantes, políticos, jueces, fiscales y legisladores, a quienes recordó que el poder que ostentan es un privilegio otorgado por Dios y por el pueblo.

Molina Rosario afirmó que los políticos deberán responder por promesas incumplidas, corrupción, malversación de fondos públicos y por haber dejado en el abandono a pobres, enfermos, ancianos y niños.

En particular, cuestionó a jueces y fiscales que, según dijo, liberan culpables o condenan inocentes por presiones, influencias o beneficios personales. “La cárcel duele, pero duele más cuando se está preso siendo inocente”, expresó.

También dirigió su crítica hacia los legisladores que aprueban leyes contrarias a los principios bíblicos, haciendo especial énfasis en el aborto, al que calificó como la eliminación de seres indefensos. A su juicio, quienes promueven y ejecutan estas decisiones deberán enfrentar consecuencias en el Día de Dios.

Una advertencia también para la iglesia

El fundador de La Batalla de la Fe no limitó su mensaje a la sociedad civil. También cuestionó a sectores de la iglesia cristiana, denunciando indiferencia espiritual, materialismo y pérdida del sentido de prioridad hacia Dios.

Criticó a creyentes que relegan la fe por compromisos sociales, laborales o personales, así como a líderes religiosos que, según dijo, convierten los templos en espacios de exhibición material y vanidad.

“La iglesia no salva, pero los salvos van a la iglesia”, afirmó, defendiendo la congregación como parte esencial de la vida cristiana.

El juicio final y la esperanza

El mensaje culminó regresando al pasaje de Apocalipsis, donde describió el juicio ante el gran trono blanco. Según Molina Rosario, en ese momento no habrá privilegios: ricos y pobres, poderosos y humildes, gobernantes y ciudadanos comunes comparecerán por igual.

Sostuvo que los libros serán abiertos y cada persona será juzgada conforme a sus obras, y que ni el dinero ni la influencia podrán librar a nadie del veredicto divino.

Sin embargo, también subrayó que el Día de Dios será motivo de gozo y esperanza para quienes han creído en Jesucristo y han procurado vivir conforme a su fe.

“Será un día de temor para muchos, pero de alegría para quienes han esperado al Señor”, concluyó, mientras el público respondía con aplausos, bajo una lluvia que continuó acompañando una de las concentraciones religiosas más emblemáticas del país.

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