El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó a Beijing el miércoles para sus esperadas conversaciones con el presidente chino Xi Jinping sobre la guerra con Irán, el comercio y las ventas de armas estadounidenses a Taiwán.
La parte central de la cumbre no ocurrirá hasta el jueves, cuando los líderes celebren conversaciones bilaterales y un banquete formal. Pero las autoridades chinas ofrecieron a Trump una bienvenida llena de pompa después de que el Air Force One aterrizara en la capital china.
Según la Casa Blanca, el presidente sería recibido por el vicepresidente chino Han Zheng; Xie Feng, embajador de China en Washington; Ma Zhaoxu, viceministro ejecutivo de Exteriores; así como el enviado de Estados Unidos en Beijing, David Perdue. La ceremonia de bienvenida incluirá a unos 300 jóvenes chinos, una guardia de honor militar y una banda militar.
“Somos las dos superpotencias”, manifestó Trump a los periodistas al salir de la Casa Blanca el martes. “Somos la nación más fuerte del planeta en términos militares. Se considera que China es la segunda”.
Aunque a Trump le gusta proyectar una imagen de fortaleza, la visita ocurre en un momento delicado para su presidencia, ya que su popularidad en el país se ha visto lastrada por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y por el aumento de la inflación como consecuencia de ese conflicto. El presidente republicano busca una victoria con la firma de acuerdos con China para que compre más soja, carne de res y aeronaves estadounidenses, y afirma que hablará con Xi sobre comercio “más que sobre cualquier otra cosa”.
El gobierno de Trump espera iniciar el proceso para establecer una “Junta de Comercio” con China a fin de abordar las diferencias entre ambos países. La junta podría ayudar a evitar la guerra comercial que se encendió el año pasado tras los aumentos en los aranceles implementados por Trump, una medida a la que China respondió mediante el control de tierras raras. Eso condujo a una tregua de un año el pasado octubre.
Pero Trump llega a Beijing en un momento en que Irán sigue dominando su agenda interna. La guerra ha provocado el cierre de facto del estrecho de Ormuz, dejando varados a buques cisterna que transportan petróleo y gas natural, y haciendo que los precios de la energía se disparen a niveles que podrían afectar el crecimiento económico mundial. El presidente de Estados Unidos declaró que Xi no necesitaba ayudar a resolver el conflicto, aunque el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, estuvo en Beijing la semana pasada.
“Tenemos muchas cosas que discutir. No diría que Irán sea una de ellas, para ser sincero, porque tenemos a Irán muy bajo control”, comentó Trump a los periodistas el martes.
Taiwán y el comercio encabezan la agenda
La situación de Taiwán también parece ser un tema importante, ya que China está descontenta con los planes de Estados Unidos de vender armas a la isla autogobernada que el gobierno chino reclama como parte de su propio territorio.
Trump dijo a los periodistas el lunes que hablaría con Xi sobre un paquete de armas de 11.000 millones de dólares para Taiwán que el gobierno de Estados Unidos autorizó en diciembre pero que aún no ha comenzado a cumplir. El paquete de armas es el mayor jamás aprobado para Taiwán.
El mandatario estadounidense ha mostrado una mayor ambivalencia hacia Taiwán, un enfoque que está generando dudas sobre si Trump podría estar abierto a reducir el apoyo a la democracia insular.
