La joven parapléjica de 25 años, cuya eutanasia había sido autorizada por expertos en España pero enfrentó la oposición de su padre, recibió finalmente la asistencia para morir este jueves, tras una prolongada batalla legal, según informaron la televisión pública y otros medios españoles.
«Yo me voy y vosotros os quedáis con todo el dolor. Pero ¿y todo el dolor que yo he sufrido en estos años?».
El padecimiento a lo largo de su vida y los dos años de batalla legal a los que se enfrentó la española Noelia Castillo Ramos, de 25 años, llegaron a término en la tarde de este jueves, cuando fue sometida a la eutanasia que había solicitado en 2024.
Así se lo comunicaron fuentes sanitarias a periodistas de varios medios que llegaron hasta el Hospital Residencia Sant Camil de la comarca catalana del Garraf, donde se llevó a cabo el procedimiento, y lo confirmó después en sus redes sociales Abogados Cristianos, la asociación que trató de frenarlo hasta el último momento.
Para que Castillo viera su voluntad cumplida, tuvo que esperar que hasta cinco instancias judiciales, la última de ellas el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se pronunciaran sobre su caso.
Todas le dieron la razón.
Aunque las autoridades competentes fueron consistentes en cada instancia, la oposición de su padre, asesorado por un grupo ultracatólico, obligó a ir postergando la medida.
Finalmente, el tribunal europeo puso fin a la batalla legal: la eutanasia puede aplicarse.
Atrás queda una infancia complicada en una familia desestructurada, que la llevó a estar durante un tiempo tutelada por el Estado, varias agresiones y abusos, una violación colectiva y un puñado de intentos de suicidio.
Uno de ellos la dejó parapléjica y con terribles dolores después de que se arrojara desde un quinto piso.
Este largo litigio, que ha prolongado el sufrimiento físico y psicológico que Noelia padecía, han hecho del suyo un caso paradigmático en España y el primero que llega a los tribunales desde que entrara en vigor la ley de la eutanasia en 2021.
También ha puesto a prueba las vulnerabilidades de la ley y una cuestión quizás más profunda: quién está legitimado para impedir a una persona adulta acabar con su propia vida.
El sufrimiento invisible
«Lo he conseguido y a ver si ya por fin puedo descansar porque ya no puedo más. No puedo más con esta familia, no puedo más con los dolores, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza», reconoció la joven barcelonesa en el programa «Y ahora Sonsoles», del canal Antena 3, que la entrevistó esta semana.
La historia de Noelia ha sido controvertida en España por la juventud de ella y porque no se encuentra en una situación socialmente percibida como terminal.
No obstante, su solicitud de recibir la eutanasia obtuvo el aval científico unánime de la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, el comité de profesionales independientes dedicado a evaluar estos casos en la región.
La ley requiere que el solicitante sufra una enfermedad grave e incurable o un padecimiento crónico insoportable y, según la comisión de expertos, la joven cumplía con los requisitos, ya que presentaba «una situación clínica no recuperable».
Esto le producía, según el comité compuesto por médicos y juristas, «una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante», lo que repercutía en su autonomía y sus actividades diarias.

