Monseñor Antonio Camilo González, obispo emérito de la Diócesis de La Vega, falleció este viernes en la clínica Unión Médica, en Santiago, donde permanecía ingresado por complicaciones de salud.
Nacido el 7 de febrero de 1938 en la comunidad Ojo de Agua, en Salcedo, era hijo de Antonio Camilo Pantaleón y Caridad González Garrido. Realizó estudios de Filosofía y Teología en Argentina y España y fue ordenado sacerdote el 1 de julio de 1962.
A lo largo de más de cinco décadas de ministerio desempeñó numerosas responsabilidades pastorales y formativas. Fue vicario cooperador, párroco en varias comunidades del país, vice-rector del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, capellán mayor de la Fuerza Aérea Dominicana, director del Instituto Nacional de Pastoral y vicario general de la Arquidiócesis de Santo Domingo, entre otros cargos.
El 10 de octubre de 1992, el papa Juan Pablo II anunció públicamente su nombramiento como tercer obispo de La Vega durante una misa celebrada en República Dominicana con motivo de los 500 años del Descubrimiento de América. Con esa designación, se convirtió en el primer y único obispo latinoamericano cuyo nombramiento fue anunciado de esa forma por el pontífice.
Su ordenación episcopal tuvo lugar el 8 de diciembre de 1992 en la Catedral Inmaculada Concepción de La Vega y estuvo presidida por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien había sido su compañero de estudios en el seminario.
Durante sus más de dos décadas al frente de la Diócesis de La Vega impulsó la creación de numerosas parroquias y ordenó a más de un centenar de sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, fortaleciendo el crecimiento pastoral de la Iglesia católica en la región.
El 23 de febrero de 2015, el papa Francisco aceptó su renuncia por motivos de edad y designó como su sucesor a monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez. Tras su retiro, residía en la Casa de Obispos Eméritos San Camilo de Lelis, en el Santo Cerro, próximo al santuario nacional de Nuestra Señora de las Mercedes.
En reconocimiento a su trayectoria, la Universidad Católica del Cibao (UCATECI) le otorgó el 30 de julio de 2019 un doctorado honoris causa por sus aportes a la educación y a la Iglesia durante más de 55 años de vida sacerdotal. Su legado queda marcado por su labor pastoral, la formación de nuevas generaciones de sacerdotes y su compromiso con el fortalecimiento de la Iglesia en República Dominicana.
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