El papa León XIV rinde homenaje el miércoles a dos de los monumentos más sagrados y hermosos de Barcelona con una oración al mediodía en una abadía en la cima de una montaña y una misa vespertina en la célebre basílica de la Sagrada Familia, en el centenario de la muerte de su arquitecto, Antoni Gaudí.
León inició su jornada con una visita a reclusos en una prisión de Barcelona, manteniendo la tradición del papa Francisco de aprovechar sus viajes al extranjero para atender a quienes no pueden sumarse a las celebraciones públicas cuando un papa llega a la ciudad. Les dijo a los reclusos que sus errores no los definen y que “el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones”.
León está en España en una viaje de una semana que ha puesto de relieve cómo el país de 50 millones de habitantes, que vivió una crisis religiosa tras el fin de su dictadura del siglo XX, aún cuenta con muchos católicos fieles que han acudido en masa para dar la bienvenida al papa estadounidense.
Un siglo después de que comenzara la construcción durante el pontificado del homónimo de León, el papa León XIII, la basílica se ha convertido en uno de los monumentos más visitados del mundo, aunque sigue inacabado, y atrae cada año a más de 5 millones de visitantes.
Gaudí, un célebre arquitecto catalán que podría estar en camino a la santidad, dedicó cuatro décadas a diseñar y construir el templo como el compendio de la fe cristiana tallado en piedra. Las historias más importantes de la vida de Jesús, la Natividad y la Pasión, están grabadas en las fachadas este y oeste de la basílica. Una tercera fachada orientada al sur, la de la Gloria, servirá como entrada principal de la basílica cuando esté terminada.
El templo es una obra maestra arquitectónica y geométrica por dentro y por fuera, una celebración en forma y símbolo del cristianismo y de la creación de Dios a través de la piedra y la luz, basada en la tradición arquitectónica de las iglesias bizantinas y góticas.
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Un total de 18 agujas, como castillos de arena, se elevan desde lo alto y perforan el perfil urbano de Barcelona: 12 para simbolizar a los 12 apóstoles de Cristo; cuatro, por cada uno de los evangelistas que relataron la vida de Cristo en los Evangelios; una coronada con una estrella sobre el ábside en honor a la Virgen María; y, la más alta de todas, la torre de Jesucristo.
Cuando la torre final de Cristo se terminó el año pasado con una altura de 172,5 metros (564 pies), convirtió a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo. León consagrará formalmente la torre el miércoles por la noche.
AP
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