La abogada María del Pilar Zuleta, integrante del equipo jurídico del exministro de Hacienda Donald Guerrero Ortiz, afirmó este miércoles que el Ministerio Público no ha logrado desvirtuar con pruebas los hechos y documentos presentados por la defensa en el caso Calamar.
“Durante todo este proceso no se ha presentado un solo argumento sustentado en prueba que rebata la evidencia depositada por la defensa. Y más aún: las propias pruebas incorporadas por la acusación, lejos de condenar, terminan confirmando la inocencia del señor Donald Guerrero”, expresó Zuleta.
La jurista manifestó preocupación por planteamientos expuestos durante la audiencia, entre ellos la idea de que la fase de investigación carece de plazos o que una acusación puede sostenerse aun sin prueba concreta suficiente.
“Eso contradice los principios básicos del debido proceso. En este país nadie puede ser acusado sin prueba. El derecho a la prueba no es una concesión del Ministerio Público; es una garantía constitucional”, afirmó.
Zuleta señaló que durante la audiencia incluso se planteó que la fase de investigación no tendría plazos rigurosos y que bastaría con enunciar evidencias sin anexarlas formalmente al proceso.
“Una afirmación de ese tipo ante un tribunal constituye un reconocimiento directo de la forma en que se ha obrado en este caso, desconociendo plazos procesales y afectando garantías fundamentales del debido proceso”, sostuvo.
En relación con el supuesto daño patrimonial, Zuleta fue categórica: “Es un hecho verificable que los llamados 21 mil millones de pesos están en manos del Estado dominicano. No falta un peso”. Añadió que en cada proceso de expropiación analizado se demostró, con cifras oficiales, que el Estado no sufrió perjuicio económico y que, por el contrario, obtuvo ahorros significativos.
Finalmente, sostuvo que el patrimonio de Donald Guerrero está acreditado como legítimo y transparente, fruto de actividad empresarial lícita, y que no existe prueba alguna que indique lo contrario. “Podrán insistir fuera de esta sala. Pero en este proceso lo determinante no es la narrativa, es la prueba. Y cuando la prueba confirma la inocencia, no hay relato que pueda cambiarlo”, concluyó.

